El primer trimestre de 2026 comenzó en terreno positivo para los mercados bursátiles globales en general, pero el sentimiento se invirtió tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán a finales de febrero. A finales de marzo, el índice MSCI World había caído un 6,4% en el mes, lo que lo situaba con un descenso del 4% en el trimestre. Los inversores están evaluando ahora las repercusiones de una posible crisis energética grave, que podría dar lugar a un aumento de las expectativas de inflación e incluso a un mayor riesgo de estanflación.
El crudo Brent subió un 63% en marzo, el mayor incremento mensual jamás registrado1. El estrecho de Ormuz canaliza en torno a una quinta parte2 del suministro de petróleo global, junto con flujos críticos de gas natural licuado, helio, productos petroquímicos y fertilizantes. La disrupción está ampliamente considerada como el mayor shock de oferta desde la década de 1970.
La volatilidad de los mercados de renta variable aumentó, y las fluctuaciones diarias de los índices a menudo vinieron dictadas por las noticias de escalada o desescalada procedentes de la Casa Blanca. A pesar de ello, los niveles generales de los índices sugieren una reacción bastante complaciente hasta el momento, con The Economist3 señalando un “optimismo asombroso ante una mala situación que podría empeorar considerablemente” y advirtiendo de que los inversores en renta variable serán quienes acaben quedando “pillados por sorpresa”.
Sin embargo, la crisis actual aún no se ha comportado como una típica preocupación por el crecimiento. El sector energético, en el que no tenemos posiciones, fue el único que generó rentabilidades positivas en marzo, con un alza del 12%, mientras que los sectores defensivos, como consumo estable y atención sanitaria, que cayeron un 9% y un 8%, respectivamente, obtuvieron una rentabilidad inferior a la del índice general como consecuencia de la crisis del petróleo y la atención del mercado en la inflación, la interrupción de la cadena de suministro y la menor probabilidad de recortes de tipos de interés a corto plazo. En el momento de redactar este texto (10 de abril), los mercados han recuperado la mayor parte de las pérdidas de marzo gracias al alto el fuego, pero las perspectivas siguen siendo muy inciertas.
Menor apetito por los intangibles
El trimestre trajo consigo algo más que la guerra. El lanzamiento histórico de Anthropic a principios de febrero de sus herramientas de productividad Claude reforzó una narrativa que se ha ido construyendo a lo largo de nueve meses: que la IA podría acelerar la disrupción en los modelos de negocio relacionados con el software y los datos. Con los temores amplificados por comentarios especulativos4 sobre el futuro del trabajo de oficina, hemos observado una marcada rotación en los mercados de renta variable. Los inversores han buscado refugio en las acciones “HALO”5, es decir, compañías con un importante volumen de activos físicos y un riesgo percibido menor de obsolescencia tecnológica.
En este sentido, queremos hacer un llamamiento a la cautela: aunque los modelos de negocio intangibles puedan estar bajo escrutinio, la reasignación de activos hacia sectores más intensivos en capital y cíclicos conlleva una serie de riesgos diferentes. Estas compañías suelen estar más expuestas a la volatilidad económica, a las presiones sobre los costes de los insumos y a las interrupciones en la cadena de suministro, factores que están cobrando cada vez más relevancia en el entorno actual. Como siempre, creemos que un enfoque selectivo es clave.
Adaptabilidad y objetividad
La rotación del mercado ha creado un contexto difícil para nuestro enfoque tradicional en compañías de crecimiento sostenido con bajo uso de capital y ventajas competitivas duraderas. Es importante destacar que el crecimiento de los beneficios de las compañías de nuestra cartera se ha mantenido, en general, sólido. Sin embargo, muchas acciones han sufrido una fuerte rebaja de valoración.
Nuestra respuesta ha sido disciplinada y analítica. Hemos evaluado los riesgos relacionados con la inteligencia artificial (IA) tanto a nivel de compañía como de sector, y hemos mantenido un diálogo con los equipos directivos. En el caso de las posiciones clave, hemos complementado este trabajo aportando una nueva perspectiva al debate mediante análisis alcistas y bajistas realizados por miembros independientes del equipo, y no por el equipo de investigación principal, lo que garantiza una evaluación equilibrada y objetiva de los posibles escenarios. Cuando consideramos que la visibilidad y la previsibilidad de los beneficios —componentes clave de nuestro marco de inversión— se han debilitado, hemos actuado en consecuencia, ajustando el tamaño de las posiciones o vendiendo posiciones. La venta indiscriminada también ha creado oportunidades para incrementar posiciones en valores sobrevendidos, donde consideramos que la ventaja competitiva es más duradera.
A lo largo de la trayectoria de nuestro equipo como inversores de calidad, hemos mantenido una mentalidad abierta cuando identificamos compounders fiables. La evolución de la cartera en los últimos nueve meses refleja lo anterior. Hemos reducido la exposición a acciones de software y expuestos a datos en los sectores de tecnologías de la información y financiero, al tiempo que hemos aumentado las asignaciones a compañías de alta calidad en los sectores de servicios de comunicación, consumo discrecional e industriales. Las propias empresas también pueden evolucionar. La transformación del negocio minorista de Amazon es un ejemplo de una compañía que ahora cumple nuestros criterios de calidad, respaldada por una mejora de los fundamentales económicos y una valoración más atractiva. En un momento en el que la elevada dispersión de las acciones crea un conjunto de oportunidades más rico para los seleccionadores de acciones, también estamos atentos a la generación de ideas más allá de nuestros terrenos de búsqueda tradicionales, sin dejar de lado, por supuesto, nuestro enfoque en la calidad.
De cara al futuro
Nos enfrentamos a dos narrativas en desarrollo que, previsiblemente, no están reflejadas en las actuales valoraciones elevadas: una revolución tecnológica acelerada e impredecible que está transformando industrias enteras, y un conflicto igualmente rápido e impredecible que está reconfigurando un mundo ya sacudido por el debilitamiento del orden basado en normas.
Este último podría constituir el detonante que finalmente lleve a unos mercados caros a una corrección generalizada, donde la calidad ha prevalecido habitualmente. Consideramos que la baja ciclicidad de la cartera y unas expectativas de crecimiento de la cifra de negocio superiores a las del índice deberían aportar cierto grado de resiliencia. Sus valoraciones, medidas en función de la relación precio/flujo de caja libre, se sitúan ahora con un descuento inusual frente al índice. Creemos que no refleja la calidad subyacente y el sólido crecimiento previsto de la cifra de negocio de las empresas que componen nuestra cartera.
Fuente de los datos citados, salvo que se indique otra cosa: MSIM, FactSet, a 31 de marzo de 2026.